Hiperfijación del momento: El canibalismo como metafora del amor
El canibalismo es uno de los recursos más antiguos de la ficción para hablar de vínculos afectivos extremos. Cuando un personaje devora a otro, casi nunca se trata de hambre en sentido literal: funciona como una forma exagerada de expresar fusión, pertenencia o hasta dominancia. Comer al otro es, en el fondo, una manera de decir que no hay forma de separarse de esa persona ni siquiera después de la muerte.
Un caso claro de esto aparece en Yellowjackets, una serie sobre un grupo de adolescentes que sobrevive a un accidente aéreo y termina recurriendo al canibalismo para no morir de hambre en el bosque. Lo interesante no es solo el hecho en sí, sino cómo está filmado: mientras comen el cuerpo de su amiga Jackie, la escena se corta con la fantasía que ellas mismas imaginan, un banquete casi mitológico con togas y copas de vino, como si estuvieran comiendo fruta y no carne. Esa distancia entre lo que pasa realmente y lo que sienten que pasa es lo que convierte al canibalismo en metáfora y no solo en un recurso de shock. No es casual tampoco, que sea Jackie la primera persona que comen en la serie. Jackie es la capitana del equipo, la autoridad máxima, la chica popular que todos quieren ser. Consumirla podría significar la muerte del status quo, el florecer del lado salvaje de la naturaleza humana cuando no está presionada o domesticada por las reglas de la sociedad.
En el caso de Shauna, la mejor amiga de Jackie, se puede hacer otra lectura no menos interesante. Su relación es muy simbiótica, representando la intensidad común en las amistades que se forman en nuestros primeros años de vida. En algún punto de su amistad, Shauna empieza a sentirse sofocada por Jackie, al punto de pensar "ni siquiera sé en dónde termina ella y yo empiezo". Se siente su sombra, convencida de que siempre es Jackie quien toma las decisiones y habla por las dos. En un acto desesperado por recuperar el control de su vida, Shauna inicia un amorío con el novio de Jackie a sus espaldas, antes del accidente. En estas escenas previas al vuelo se respira un aire de celos difícil de ubicar del todo: ¿celos de Jackie? ¿celos de su novio por tener algo de ella que Shauna no tiene?
Shauna nunca logra definir del todo qué es Jackie para ella, y esa ambigüedad atraviesa toda la serie. Comerla, entonces, funciona como el gesto final de un vínculo que en vida nunca encontró la forma de resolverse.
A lo largo de la serie Shauna villaniza a Jackie, dandonos a entender que está convencida de que la quiere lejos, pero lo curioso es que siempre termina haciendo algo que la vuelve más cercana a ella. Podría haber hablado con Jackie y decirle la verdad, pero no lo hizo. Pudo haber estado con otro chico, pero eligió al novio de Jackie cuando ni siquiera le gustaba. Pudo haber velado su cuerpo sin consumirlo, pero lo hizo igual. Cada uno de esos actos es, a la vez, un intento fallido de irse y una forma de quedarse.
Esa contradicción tiene una explicación: en el fondo, Shauna siente que Jackie no la quiere de la misma manera que ella la quiere, que el cariño nunca fue parejo entre las dos. Es un malentendido enorme, algo que ninguna de las dos supo comunicar a tiempo, pero que a Shauna le provoca pensar que la única salida es erradicarla de su vida.
Recién con la muerte de Jackie, Shauna entiende lo que nunca se animó a admitir en vida: que jamás quiso separarse de ella. Comerla es el acto culmine de la relación, porque ahí Shauna logra todo lo que alguna vez quiso sin saber cómo pedirlo: establecer una dominancia sobre Jackie, convertirse en ella, tenerla cerca, siempre y para toda la vida, adentro suyo.